top of page

California

Un juez federal de California concluyó que la memecoin $JENNER, promovido por Caitlyn Jenner, no reúne los elementos necesarios para ser considerado un valor bajo la legislación federal de Estados Unidos. El fallo debilita una demanda colectiva por pérdidas de inversión, aunque deja abierta la puerta para que continúen reclamos a nivel estatal.

***

  • Juez federal determinó que JENNER no cumple con el requisito de “empresa común” exigido por la prueba Howey.

  • La demanda colectiva fue presentada por Lee Greenfield, quien afirmó haber perdido más de USD $40.000 tras comprar el token en Solana y Ethereum en mayo de 2024.

  • Aunque el reclamo federal fue desestimado, el demandante aún puede intentar avanzar con acusaciones bajo la legislación de California.

🚨 Juez de California declara que la memecoin $JENNER no es un valor bajo la legislación federal

El fallo debilita una demanda colectiva por pérdidas de $40,000

El juez concluyó que no había "empresa común" según la prueba Howey

La decisión resalta el debate sobre la… pic.twitter.com/LrrRzqCR8u

— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) April 19, 2026

Un juez de California resolvió que la memecoin $JENNER, asociado a Caitlyn Jenner, no puede ser tratado como un valor bajo la legislación federal de Estados Unidos. La decisión representa un revés para una demanda colectiva presentada por un inversionista que aseguró haber sufrido pérdidas superiores a USD $40.000 tras comprar el token en 2024.

El caso se suma al debate legal que rodea a los activos digitales, en especial a las memecoins, una categoría de criptomonedas cuyo valor suele depender más de la atención pública, la cultura de internet y las figuras mediáticas que de una utilidad tecnológica concreta.

En este contexto, los tribunales estadounidenses siguen mostrando criterios diversos al momento de aplicar las normas tradicionales del mercado de valores a estos instrumentos.

La controversia giró en torno a si la promoción pública de Caitlyn Jenner y la estructura del token eran suficientes para encajar dentro de la definición de valor financiero. El tribunal concluyó que no, al menos bajo el estándar federal más utilizado para este tipo de análisis.

La demanda y las acusaciones contra Caitlyn Jenner

La acción judicial fue presentada a finales de 2024 por Lee Greenfield. Según su reclamo, compró el token $JENNER a través de las redes Solana y Ethereum en mayo de 2024, y posteriormente registró pérdidas superiores a USD $40.000.

Greenfield sostuvo que Jenner se aprovechó de su fama para impulsar el activo ante el público. De acuerdo con las alegaciones, esa exposición mediática habría llevado a varios compradores a esperar ganancias importantes derivadas del crecimiento del token.

Entre los elementos citados en la demanda aparecieron publicaciones en redes sociales atribuidas a Jenner. En ellas se mostraban imágenes generadas con inteligencia artificial donde se veía ropa con la inscripción “JENNER ETH”, junto a banderas estadounidenses y mensajes de tono promocional como “¡Hagamos ricos a todos!”.

La notoriedad pública de Jenner fue un punto central en el caso. Su trayectoria como medallista de oro olímpica y personalidad televisiva la convirtió en una figura ampliamente reconocida en Estados Unidos, lo que, según el demandante, amplificó el alcance de la promoción del token y atrajo la atención tanto de usuarios cripto como del público general.

La demanda también incluyó a Sophia Hutchins, representante de Jenner, quien falleció en julio de 2025. La defensa argumentó que Hutchins no podía ser considerada una vendedora en el contexto del litigio y rechazó además que el token debiera clasificarse como un valor.

La prueba Howey y el razonamiento del tribunal

Para evaluar el caso, el juez Stanley Blumenfeld, Jr. recurrió a la prueba Howey, derivada de un caso de la Corte Suprema de Estados Unidos de 1946. Este criterio jurídico es uno de los principales marcos usados para determinar si una transacción constituye un contrato de inversión y, por tanto, un valor sujeto a regulación federal.

En términos generales, la prueba examina si existe una inversión de dinero en una empresa común, con una expectativa razonable de ganancias que dependa de los esfuerzos de otros. En el litigio por JENNER, el análisis se centró especialmente en el primer componente.

El juez concluyó que ese elemento no estaba presente. Según su decisión, no era razonable afirmar que los inversionistas hubieran agrupado fondos para compartir ganancias o pérdidas, recaudar capital o financiar un proyecto que fuera más allá de la propia existencia de la moneda.

En palabras del juez Blumenfeld, citadas por la cobertura: “Considerando las reclamaciones en su conjunto, no es razonable afirmar que los inversionistas agruparon fondos para compartir ganancias o pérdidas, recaudar capital o financiar cualquier proyecto más allá de la propia moneda. Por lo tanto, no existe una empresa común sobre la base de la horizontal commonality”.

El magistrado añadió que tampoco existía vertical commonality entre los participantes. Al no verificarse ni horizontal commonality ni vertical commonality, el requisito de empresa común falló por completo dentro del análisis Howey.

Debido a esa conclusión, el tribunal ni siquiera necesitó avanzar a la siguiente parte del examen. Es decir, no hizo falta pronunciarse sobre si las eventuales expectativas de ganancia de los compradores dependían directamente de las actividades o esfuerzos de Caitlyn Jenner.

El fallo fue explícito al respecto. “Dada la ausencia de una empresa común, no es necesaria una revisión adicional”, explicó el juez en su decisión sobre el caso.

Qué implica el fallo para el caso y para el mercado

La consecuencia inmediata fue la desestimación del reclamo federal vinculado a la legislación de valores. Para la demanda colectiva, esto supone un golpe importante, ya que elimina el eje principal de la acusación en el plano regulatorio nacional.

Sin embargo, el litigio no queda necesariamente cerrado por completo. El fallo dejó claro que los cargos no resueltos a nivel estatal todavía pueden seguir su curso en California, si el demandante decide continuar por esa vía.

En otras palabras, Greenfield mantiene la posibilidad de perseguir sus acusaciones bajo las leyes estatales. Eso significa que el revés sufrido en el ámbito federal no bloquea automáticamente todos los caminos judiciales disponibles en el caso.

Más allá de esta disputa puntual, la decisión ofrece una referencia relevante para futuros procedimientos sobre memecoins y otros activos digitales de perfil similar. La cuestión de cuándo una criptomoneda promocionada por celebridades o figuras públicas puede ser considerada un valor sigue abierta y depende en buena medida de los hechos específicos de cada caso.

Para los participantes del ecosistema cripto, el fallo también refuerza una realidad ya visible en Estados Unidos. No todos los tokens serán evaluados de la misma forma, y la ausencia de una estructura de inversión compartida puede resultar decisiva cuando los tribunales aplican la prueba Howey.

La noticia sugiere además que el sistema judicial estadounidense continúa construyendo criterios fragmentados sobre cómo tratar legalmente a ciertos activos digitales. En el caso de $JENNER, la promoción pública y la especulación de mercado no bastaron, por sí solas, para satisfacer el umbral exigido por la ley federal de valores.

Esta decisión de California podría influir en futuras disputas relacionadas con meme tokens. Aunque no resuelve todas las dudas regulatorias del sector, sí aporta una señal concreta sobre los límites de la clasificación de ciertos criptoactivos como valores bajo el marco tradicional.

Imagen original de , creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 
 
 

La residencia de Sam Altman en San Francisco fue blanco de un segundo ataque en menos de 48 horas, esta vez con un presunto disparo desde un automóvil. El caso, que ya suma arrestos y cargos graves tras un incidente previo con cóctel molotov, vuelve a poner el foco sobre la seguridad del CEO de OpenAI y el clima de tensión que rodea al avance de la inteligencia artificial.***

  • La policía de San Francisco arrestó a Amanda Tom, de 25 años, y Muhamad Tarik Hussein, de 23, por descarga negligente de arma de fuego.

  • El nuevo incidente ocurrió el domingo a la 1:40 a. m., dos días después de que otro sospechoso presuntamente lanzara un cóctel molotov contra la propiedad.

  • No hubo heridos en ninguno de los dos ataques, pero el caso intensifica la preocupación por la seguridad en torno a figuras clave del sector de IA.

🚨 Ataque a Sam Altman, CEO de OpenAI 🚨

Su casa en San Francisco sufrió un segundo ataque en 48 horas.

Un disparo desde un vehículo fue reportado esta madrugada.

Dos sospechosos han sido arrestados por descarga negligente de arma de fuego.

Esto sigue un incidente previo con… pic.twitter.com/azskISucbV

— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) April 13, 2026

La casa de Sam Altman, CEO de OpenAI, fue blanco de un segundo ataque en San Francisco durante la madrugada del domingo, apenas dos días después de un incidente previo con un cóctel molotov. El nuevo episodio, reportado en el exclusivo vecindario de Russian Hill, derivó en el arresto de dos sospechosos por parte del Departamento de Policía de San Francisco.

El caso vuelve a colocar bajo escrutinio la seguridad alrededor de una de las figuras más visibles del auge de la inteligencia artificial. También ocurre en un momento en el que crecen los debates públicos sobre el impacto social, económico y político de estas tecnologías.

De acuerdo con lo publicado por The Standard, el incidente más reciente ocurrió alrededor de la 1:40 a. m. del domingo. Un sedán Honda con dos personas a bordo se detuvo frente a la propiedad de Altman, que se extiende desde Chestnut Street hasta Lombard Street, después de haber pasado por la zona pocos minutos antes.

Según un informe policial inicial, la persona ubicada en el asiento del pasajero sacó la mano por la ventana y aparentemente disparó una ronda hacia el lado de la propiedad que da a Lombard Street. El informe cita imágenes de vigilancia y el testimonio del personal de seguridad del complejo, que dijo haber escuchado un disparo.

Detenciones y hallazgo de armas

Tras el presunto disparo, el vehículo huyó del lugar. Una cámara logró captar la placa del auto, lo que posteriormente permitió a la policía localizarlo y tomar posesión del mismo, según el reporte citado.

Los agentes acudieron a la cuadra 2000 de Taylor Street y detuvieron sin incidentes a Amanda Tom, de 25 años, y Muhamad Tarik Hussein, de 23. Ambos fueron fichados por descarga negligente de arma de fuego.

La policía también informó que, durante un registro en la residencia vinculada a los detenidos, los agentes encontraron tres armas de fuego. Ni OpenAI ni la Policía de San Francisco respondieron a solicitudes de comentarios adicionales sobre el caso al momento de la publicación original.

Hasta ahora, las autoridades no han reportado personas heridas por este segundo ataque. Tampoco se han divulgado detalles públicos sobre un posible móvil específico detrás del incidente.

Un segundo ataque en menos de 48 horas

El nuevo hecho se produjo solo dos días después de otro ataque contra la misma propiedad. El viernes por la mañana, un hombre de 20 años identificado como Daniel Alejandro Moreno-Gama, originario de Texas, presuntamente arrojó un cóctel molotov a la vivienda de Altman.

Ese ataque inicial ocurrió alrededor de las 3:40 a. m., cuando Moreno-Gama supuestamente lanzó una botella que contenía un trapo en llamas contra la puerta metálica de la propiedad sobre Chestnut Street. Guardias de seguridad presentes en el lugar extinguieron el fuego antes de que el incidente escalara.

El episodio también fue captado por cámaras de vigilancia. Poco después, personal de seguridad en la sede de OpenAI, ubicada en Mission Bay, entró en contacto con una persona que coincidía con la descripción del sospechoso, según indicó la empresa.

De acuerdo con esa versión, el individuo hizo declaraciones amenazantes sobre el edificio y luego fue puesto bajo custodia policial. Moreno-Gama fue ingresado en la cárcel del condado de San Francisco el viernes por la tarde bajo sospecha de intento de asesinato, incendio provocado, posesión o fabricación de un dispositivo incendiario y otros cargos.

La reacción de Altman y el contexto alrededor de la IA

Tras el incidente del viernes, Altman se pronunció públicamente sobre el clima de preocupación que rodea a la inteligencia artificial. El ejecutivo escribió que “El miedo y la ansiedad sobre la IA están justificados. Estamos en el proceso de presenciar el mayor cambio para la sociedad en mucho tiempo, y quizá de todos los tiempos”.

La declaración no vinculó de manera explícita los ataques con una motivación ideológica concreta, pero sí reflejó un contexto de ansiedad social más amplio. En años recientes, OpenAI y otras compañías tecnológicas han quedado en el centro del debate por el potencial transformador, y también disruptivo, de los sistemas de IA.

Para una parte del público, la IA representa una herramienta con gran capacidad para mejorar la productividad, la investigación y el acceso al conocimiento. Para otros, también plantea riesgos sobre empleo, desinformación, vigilancia, concentración de poder corporativo y seguridad.

En ese marco, cualquier incidente de seguridad que involucre a líderes del sector adquiere una dimensión adicional. No solo se interpreta como un hecho criminal aislado, sino también como una señal de la intensidad con la que se vive la discusión pública en torno a esta tecnología.

Un caso en desarrollo

Por ahora, no se reportaron heridos en ninguno de los dos incidentes. Ese dato es central, dado que los eventos incluyeron un artefacto incendiario en el primer caso y un presunto disparo en el segundo.

Las autoridades tampoco han precisado si existe una conexión directa entre los tres sospechosos detenidos en los episodios de viernes y domingo. La proximidad temporal entre ambos ataques ha elevado el interés público y mediático, pero los investigadores no han presentado de forma pública una teoría completa del caso.

El hecho de que la propiedad atacada pertenezca al CEO de OpenAI ha reforzado la atención internacional sobre el suceso. Altman es una de las caras más visibles del auge reciente de la IA generativa, una industria que también ha empezado a cruzarse con otros sectores de alto seguimiento, como los mercados financieros, la automatización empresarial y la infraestructura digital.

Mientras continúan las pesquisas, el caso sigue abierto y sujeto a nuevas actualizaciones. Por el momento, lo confirmado es que la casa de Altman en Russian Hill sufrió dos ataques en menos de 48 horas, que tres personas han sido arrestadas en relación con ambos hechos y que las autoridades de San Francisco ya manejan evidencia de vigilancia, un vehículo identificado y armas de fuego incautadas.

 
 
 

David Friedberg lanzó una dura crítica al rumbo político y fiscal de California, al advertir que el estado enfrenta una combinación peligrosa de promesas públicas difíciles de financiar, impuestos cada vez más altos y una creciente salida de líderes tecnológicos y startups hacia otros territorios como Nevada.***

  • Friedberg afirmó que cerca de un tercio de las personas con las que habla ya dejó California y que un sondeo informal entre líderes tecnológicos arrojó que casi 87% planea irse.

  • El inversionista vinculó la crisis del estado con pensiones públicas insuficientemente financiadas, programas costosos y una estructura de gasto que, a su juicio, ya no puede sostenerse.

  • También advirtió que un impuesto a la riqueza en California podría sentar un precedente más amplio contra la propiedad privada en Estados Unidos.

🚨 Californias en crisis fiscal 🚨

David Friedberg alerta sobre una creciente crisis en California.

El 87% de líderes tecnológicos consideran irse del estado.

La combinación de altos impuestos y promesas no financiadas está empujando un éxodo del sector.

Las pensiones… pic.twitter.com/dgp3I0Zkrh

— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) April 11, 2026

David Friedberg, inversionista y empresario tecnológico, lanzó una de sus críticas más duras contra California durante una conversación con Chris Williamson. En ese intercambio, sostuvo que el estado atraviesa un deterioro político y fiscal profundo, y que ese proceso ya estaría impulsando la salida de parte de su base empresarial y tecnológica.

La discusión apareció en el contexto del video The Political Disaster That Is California – David Friedberg, publicado el 7 de abril de 2026 por Chris Williamson. Allí, Friedberg describió a California como un sistema atrapado por promesas políticas crecientes, una carga tributaria extrema y pasivos que, según dijo, el estado no puede cubrir.

Para lectores menos familiarizados con el tema, el debate es relevante más allá de la política local. California ha sido por décadas uno de los grandes centros globales de innovación, capital de riesgo y creación de empresas. Cualquier cambio en su clima fiscal o regulatorio puede alterar flujos de talento, inversión y emprendimiento, especialmente en sectores como inteligencia artificial, software, blockchain y finanzas digitales.

La tesis central de Friedberg es que el modelo de expansión del gasto público llegó a un punto crítico. A su juicio, el éxito económico de Silicon Valley permitió financiar durante años una serie de compromisos y programas que hoy pesan sobre el presupuesto del estado con una magnitud difícil de sostener.

Éxodo tecnológico y clima de incertidumbre

Uno de los puntos más llamativos de su intervención fue la percepción de una salida acelerada de empresarios y ejecutivos. Friedberg dijo que, en su experiencia personal, probablemente un tercio de las personas con las que habla ya dejó California. Añadió que, en un sondeo informal realizado en un grupo y luego difundido públicamente, cerca de 87% de los participantes afirmó que planea irse.

Según su relato, ese sentimiento no se limita a grandes fortunas o figuras conocidas. También alcanzaría a directores ejecutivos de startups emergentes que están creciendo con fuerza y que, aun así, ya estudian mudar operaciones o domicilio fiscal fuera del estado.

Como ejemplo, mencionó una empresa que evaluaba trasladarse dentro de California, desde el sur hacia el norte, pero que terminó considerando una salida a Nevada. Para Friedberg, ese giro revela un temor creciente sobre lo que podría venir después en materia regulatoria y tributaria.

Su conclusión es que California atraviesa una especie de “sumidero” estructural. En su visión, la incertidumbre ya no gira solo en torno a impuestos actuales, sino a la expectativa de futuras medidas para cerrar un desequilibrio fiscal que considera cada vez más evidente.

Promesas públicas, gasto y programas cuestionados

Friedberg enmarcó el problema en una crítica amplia al funcionamiento de la política. Según dijo, los políticos suelen ganar elecciones prometiendo más beneficios y más intervención estatal, no recortes ni una reducción del papel del gobierno. El problema aparece cuando esas promesas se acumulan y luego no existen recursos suficientes para cumplirlas.

En el caso californiano, sostuvo que el estado aprovechó los elevados ingresos provenientes de Silicon Valley, de la riqueza generada por el sector tecnológico y de las ganancias de capital para financiar lo que calificó como programas absurdos o ineficientes. Entre sus ejemplos citó el tren bala, al que describió como un “tren a ninguna parte”.

Sobre ese proyecto, afirmó que se han gastado USD $30.000 millones y que el resultado ha sido deficiente. También dijo que seis directores ejecutivos pasaron por la iniciativa y que uno de ellos incluso fue arrestado, aunque no ofreció detalles adicionales en la conversación.

Otro caso mencionado fue un programa para personas sin hogar. Friedberg aseguró que se destinaron USD $220 millones y que solo seis personas lograron salir del ciclo de pobreza en el que se encontraban. Además, recordó el debate sobre la conectividad rural y señaló que, por una cantidad comparable de dinero, se podría haber dado acceso a Starlink a todos los ciudadanos estadounidenses, aunque aclaró que ese punto correspondía a un problema federal más que estatal.

Más allá de las cifras puntuales, su argumento fue que estos programas ilustran un patrón de gasto que erosiona la confianza pública. A su entender, cuando el sistema político promete beneficios imposibles de financiar y además administra mal los recursos, la democracia misma empieza a verse vaciada de sentido por parte de los ciudadanos.

El peso de las pensiones y los pasivos del estado

La parte más grave del diagnóstico de Friedberg se centró en las pensiones públicas de California. Explicó que durante los últimos 12 a 15 años se hicieron cambios al sistema que incrementaron las garantías sobre beneficios de retiro para empleados públicos, pero sin asegurar los fondos necesarios para cubrir esas obligaciones.

De acuerdo con su estimación, el déficit asociado a esos compromisos se ubica entre USD $600.000 millones y USD $1 billón. Esa carga incluiría no solo pensiones, sino también costos cercanos como atención médica prometida a trabajadores sindicalizados y otros beneficios de largo plazo.

Su planteamiento fue directo: las promesas fueron hechas, pero nunca fueron financiadas de forma realista. Cuando llega el momento de pagar, el estado debe decidir cómo llenar el agujero. Esa necesidad, según su lectura, ayuda a explicar por qué hoy aparecen nuevas ideas tributarias y una presión creciente sobre quienes concentran mayores patrimonios.

En ese punto utilizó una imagen fuerte para describir la coyuntura: personas saltando o abandonando un barco en caos. Con esa analogía, resumió lo que considera el momento actual de California, donde los pasivos acumulados estarían empujando decisiones políticas más agresivas y una reacción defensiva de empresas e inversionistas.

El impuesto a la riqueza como línea roja

Friedberg dedicó buena parte de su intervención al llamado “billionaire tax” o impuesto a la riqueza para multimillonarios. Según explicó, la iniciativa surgió a partir de la acción de un sindicato, identificado por él como SEIU UHW, y de un dirigente que impulsó un esquema para cobrar 5% del patrimonio neto a personas con fortunas superiores a USD $1.000 millones.

Su objeción principal no fue solo el impacto sobre los multimillonarios. Para él, el problema de fondo es jurídico y político. Una vez que el Estado adquiere la capacidad de gravar el patrimonio, sostuvo, también obtiene la facultad de modificar luego el umbral y la tasa. Lo que comienza como un 5% de una sola vez para multimillonarios podría terminar, en su hipótesis, como 1% anual o como un impuesto aplicado más abajo, incluso a millonarios o personas con patrimonios mucho menores.

En esa línea, recordó la evolución histórica del impuesto sobre la renta en Estados Unidos. Dijo que se presentó originalmente como un gravamen temporal de 1% sobre ingresos altos, y que con el tiempo se expandió de forma sustancial. Durante la conversación se mencionó que comenzó en 1% para ingresos superiores a USD $3.000 al año y que, entre 1944 y 1945, la tasa máxima alcanzó 94% para financiar la guerra.

Friedberg usó ese ejemplo para sostener que los impuestos excepcionales tienden a normalizarse y ampliarse. En su caso personal, afirmó pagar 53% de impuesto sobre la renta en California y dijo aceptar la obligación tributaria por los servicios del Estado, pero rechazó de forma tajante la idea de un impuesto patrimonial que grave bienes adquiridos con ingresos ya tributados.

Su crítica fue todavía más lejos al advertir que un esquema así obligaría a detallar cada año no solo cuentas bancarias o acciones, sino también autos, arte y otros activos. A su juicio, eso erosiona el derecho de propiedad privada y abre la puerta a que una mayoría política vote para transferir riqueza desde una minoría, en una dinámica que describió como la antesala de un sistema socialista.

Tecnología, IA y la disputa por el futuro

En la parte final de la conversación, Friedberg conectó el debate fiscal con una visión más amplia sobre innovación y prosperidad. Dijo ser profundamente optimista respecto al futuro tecnológico, con avances que, en su visión, podrían traer abundancia, energía barata, automatización y una mejor calidad de vida.

Sin embargo, contrapuso ese optimismo con lo que considera una deriva política pesimista. Según dijo, en vez de facilitar ese futuro, parte del sistema político y social estaría reaccionando con miedo, búsqueda de control y nuevas cargas sobre quienes construyen empresas o desarrollan tecnología.

También afirmó que la inteligencia artificial es hoy, según una encuesta que mencionó sin identificar, el tema con peor imagen pública en Estados Unidos, incluso por encima de figuras políticas. Para él, ese clima narrativo refleja una desconfianza creciente hacia la innovación y hacia los emprendedores tecnológicos.

Su advertencia final fue geopolítica. Si Estados Unidos opta por cerrar el paso a esa dinámica de crecimiento mediante más controles e impuestos, dijo, otros países podrían capturar los beneficios. Mencionó específicamente a China como posible contrapeso, al sugerir que si Washington o California eligen una senda más restrictiva, otras potencias no necesariamente harán lo mismo.

Las declaraciones de Friedberg reflejan una postura ideológica fuerte y claramente crítica del expansionismo estatal. Aun así, ponen sobre la mesa un debate central para 2026 y 2028: cuánto pueden aumentar la carga fiscal y la intervención pública en territorios de alta innovación sin afectar su capacidad de retener talento, capital y nuevas empresas.

 
 
 
bottom of page